Sectores que impulsan el Valle del Tiétar
Desde CEDER, te invitamos a descubrir el vibrante corazón económico de nuestra comarca. Aquí, cada sector ofrece un mundo de posibilidades para emprendedores como tú. Estamos comprometidos con la innovación, la sostenibilidad y el crecimiento conjunto. Únete a nosotros para explorar las oportunidades que esperan tu visión. Nos entusiasma tenerte aquí y ser parte de tu éxito.

Turismo
El Valle del Tiétar es un destino donde naturaleza, historia y tradición se
unen para ofrecer una experiencia única. Situado al sur de la provincia de
Ávila y a los pies de la Sierra de Gredos, este territorio ha sido habitado
por diferentes pueblos y culturas que han dejado una huella visible en su
patrimonio.
Desde el Castro Celta de El Raso hasta los castillos medievales, iglesias
góticas y palacios renacentistas, la comarca conserva un valioso legado
histórico-artístico. Destacan enclaves como el Castillo de la Triste Condesa en Arenas de San Pedro, el Palacio del Infante Don Luis, la Calzada Romana del Puerto del Pico o los conjuntos históricos de Guisando y Pedro Bernardo.
La red de caminos históricos y vías pecuarias, vinculadas a la trashumancia, invita a descubrir antiguas sendas serranas que conectan pueblos, majadas y puertos de montaña. A ello se suman rutas naturales dentro del Parque
Regional de la Sierra de Gredos y espacios de gran interés como la Cueva
del Águila.
El patrimonio popular también forma parte esencial del paisaje: casas de
entramado de madera y piedra, puentes romanos, fuentes, molinos y
tradicionales chozos de pastor que reflejan la esencia rural del valle.
Completa la oferta una variada infraestructura de alojamientos rurales,
centros de interpretación y museos, junto con una rica gastronomía y un
folclore que mantienen viva la identidad de la comarca.
El Valle del Tiétar es, en definitiva, un lugar para disfrutar con calma,
descubrir su historia y conectar con la naturaleza y la tradición.

Medio ambiente
El Valle se define por un contraste extremo: desde los 400 m en la vega hasta los 2.400 m en las cumbres de Gredos. Este relieve crea un microclima privilegiado, protegido de los vientos del norte, que permite una vegetación casi subtropical única en Castilla y León. El paisaje es un mosaico que varía desde piornales de alta montaña hasta dehesas de encinas y alcornoques.
La riqueza hídrica es el motor de la comarca. El Río Tiétar articula una red de gargantas de montaña y pozas de aguas cristalinas de gran valor recreativo. Destaca el Embalse de Rosarito, uno de los humedales más importantes del país para la observación de aves acuáticas e invernantes.
El Valle es un santuario biológico donde conviven especies emblemáticas como la Cabra Montés, el Buitre Negro y la Cigüeña Negra.
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Red Natura 2000: El 81% de la superficie está protegida (ZEPA y LIC), lo que garantiza la pureza del entorno y ofrece un marco inmejorable para proyectos de turismo de naturaleza y bioeconomía.

Agroalimentaria: el sabor auténtico de nuestra tierra
La gastronomía del Valle de Tiétar es un auténtico viaje de sabores donde se fusionan la tradición extremeña y la cocina castellana. Una combinación única que conquista el paladar y refleja la riqueza cultural e histórica de la comarca.
Las celebraciones y fiestas populares están profundamente ligadas a la cocina local, elaborada con productos de la tierra y marcada por la influencia de los pastores trashumantes y de las culturas vecinas. Esta herencia ha dado lugar a recetas llenas de carácter y tradición.
Gracias a su clima privilegiado, el Valle de Tiétar disfruta de una agricultura que ofrece una gran variedad de productos: olivos, castaños, higueras, pimientos —como el reconocido pimentón de Candeleda— y una amplia gama de hortalizas de excelente calidad. A ello se suman productos ganaderos
que completan una despensa rica y diversa.
Entre los platos más representativos destacan las migas de pastor con pimentón de Candeleda, las sopas a la cachuela, las patatas en calderillo, las truchas, el cabrito, el cochifrito y los quesos de cabra del Tiétar. También son muy apreciados los espárragos de Lanzahita, junto con frutas como los
higos, las cerezas y las castañas.
En el apartado dulce, la tradición repostera ofrece delicias como las perrunillas, los mantecados y las flores, perfectas para poner el broche final a una experiencia gastronómica inolvidable.

Pymes, industria y comercio: dinamismo y crecimiento local
Las pequeñas y medianas empresas (PYMEs) son el corazón de la economía del Valle del Tiétar. Estas empresas locales —en sectores como el comercio, la hostelería, la agricultura, la artesanía, el turismo rural y los servicios— generan empleo, dinamizan la vida de los pueblos y ayudan a fijar la población en el medio rural, contribuyendo al desarrollo sostenible de toda la comarca.
LEADER ha facilitado:
- Apoyo financiero y técnico a proyectos emprendedores y PYMEs rurales.
- Impulso a iniciativas locales innovadoras, desde negocios de turismo sostenible hasta industrias agroalimentarias de calidad.
- Mejora de infraestructuras y servicios, fortaleciendo la
conectividad, la digitalización y la capacidad de los pueblos para atraer clientes y residentes. - Creación de redes y colaboraciones entre empresas, asociaciones y ayuntamientos, fomentando sinergias que amplifican el impacto de cada proyecto.
Gracias al programa LEADER, el Valle del Tiétar ha podido transformar retos rurales en oportunidades de crecimiento, reforzando el tejido empresarial, preservando sus recursos naturales y culturales, y construyendo un futuro más próspero para las generaciones presentes y futuras.

Artesanía
La artesanía se erige como un pilar fundamental para la cohesión socioeconómica de las zonas rurales, representando la convergencia entre el patrimonio inmaterial y la diversificación productiva. El programa LEADER ha permitido que los talleres artesanales dejen de ser unidades aisladas para integrarse en cadenas de valor territoriales, fomentando la modernización de los procesos sin perder la esencia de la identidad local. De este modo, la actividad artesana no solo contribuye a la fijación de población, sino que actúa como un agente de innovación aplicada al saber tradicional, posicionando los productos de proximidad en mercados competitivos bajo criterios de sostenibilidad y autenticidad.